Kyliex2008 Tour: Kylie Minogue arrasa en Madrid

 | Música en Universo Gay

0406200814:30 Kyliex2008 Tour: Kylie Minogue arrasa en Madrid Por Asturboy

Kyliex2008 Tour: Kylie Minogue arrasa en Madrid

Un martes especialmente negro para mí como fue ayer se volvió de repente arco iris multicolor al recibir una inesperada invitación al concierto de Kylie Minogue en Madrid. Esta es mi crónica sobre mi paso por el Kyliex2008 Tour.

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El concierto empezaba a las nueve y media de la noche, pero a las ocho ya había una considerable cola de gente a la puerta del Palacio de Deportes de Madrid esperando poder ponerse en primera fila. Toda la plaza enfrente de la entrada estaba llena de gente con los mismos rasgos: pantalones rotos, camisetas varias tallas más pequeñas que la que correspondería cuando no directamente una camiseta de tirantes, y por lo reducido de la ropa gran visibilidad de calzoncillos. Con esa descripción sólo podía tratarse de gays o de indigentes. Ahora que si partimos de la base de que la entrada podía pasar perfectamente de los 60 euracos, que la ropa era de marca (especialmente la interior), y la manera en que éstos se interrelacionaban con modernos, gente vestida de rosa, y un buen puñado de osos, está claro que estamos hablando de gays.

Efectivamente, al entrar en el Palacio de los Deportes no había que ser un lince para descubrir que ayer se produjo la mayor concentración de gays por metro cuadrado de todo Madrid, muy por encima de la que podemos encontrar en Chueca, sitiada ya por heterosexualas salidas en busca de la rehabilitación del marica estándar, que acaban topándose con denuncias por acoso como pude presenciar hace un par de semanas en un conocido bar de osos donde una no menos conocida actriz de los años 70, pintada y vestida como una travesti de la Casa de Campo, por lo visto ya habitual del local, especialmente entre semana, se dedicaba a tocar penes ajenos con un estilo titubeante a lo Amy Winehouse, acompañada por una secuaz mariliendre que iba tan borracha que posiblemente ni se daba cuenta de que su nueva amiga era una mujer de verdad y no un travesti haciendo doblete.

Kylie, que es muy lista, no es ajena al tipo de público que va a verla y de su capacidad de convocatoria entre el público gay, buscada explícitamente en el apoyo de Shangay. No en vano fue capaz de concentrar tantos gays en el barrio de Salamanca como sólo había conseguido previamente la manifestación del Orgullo Gay en 2005, cuando a Gallardón no se le ocurrió otra cosa que cambiar el recorrido tradicional para que culminara en la puerta de Colón a escasos metros de la sede del PP.

Los guiños gays fueron repetidos. En primera fila se veía ondear una bandera gay que las cámaras del evento no dudaron en enfocar en primer plano y proyectar varias veces. En un par de canciones prácticamente se proyectaron powerpoints de chulazos semidesnudos (o semivestidos) provocando los consecuentes gritos de aprobación del respetable. El propio vestuario de Kylie lo diseñó Jean Paul Gaultier. Abundaban los grupos de amigos y las parejas de chicos, excepto a mi lado, ya que a mi derecha me tocó una pareja proto-pepera (ella parecía la Soraya, directamente, y él lucía jersey de punto, de pico para más señas, y pelo engominado; parecían una pareja pepera dibujada por las juventudes socialistas, primero estupefactos al ver tanto chico besándose impunemente a todos lados, y más tarde montando el pollo porque en un descanso una chica se puso a fumar cuatro filas más delante, que está mal fumar allí y más sabiendo por qué el Palacio de los Deportes es nuevo y lo que pasó con el viejo, pero tampoco es para ponerse histérico y gritar que vas a llamar a la policía). A veces miraba a mi derecha y tenía la sensación de haberme transportado a un concierto de los Hombres G. Y eso que yo en su momento me compré un disco de los Hombres G, y cuando se supo en el colegio me llamaban marica. Claro que en la misma compra me había llevado un disco de La Trinca, uno es así de amplio de miras. Pero vamos, que Kylie no tiene la culpa de gustar también a los no gays, ellos también tienen derecho, y me consta que hay heterosexuales a los que no sólo les gusta Kylie, sino que además algunos ni siquiera son (presumiblemente) de derechas ni pijos como la pareja que tuve a mi lado en el concierto. Que de todo tiene que haber, ¿no? Sólo os cuento la anécdota por lo excepcional.

El concierto, para variar, empezó algo más tarde de lo anunciado. El escenario estaba tapado con una tela y el público iba enloqueciendo cada vez más mientras en los altavoces sonaban canciones disco de los 80 mezcladas con estrenos de hip hop. Entre ellas sonó una de Kylie y el ambiente se caldeó al instante, pero era una falsa alarma. Finalmente se apagaron las luces, cayó la tela, y se mostró ante nosotros… un escenario frustrante.

Se trataba de una plataforma cuadrada, demasiado grande para un cuerpo de baile de 14 bailarines (nueve chicos, de los cuales cuatro eran acróbatas excepcionales, y cinco chicas) y una solista. Una plataforma pelada, en la que al fondo había unos altavoces de coña. El chasco para mí fue tremendo, eso no lo llenaba ni Jose Luis Moreno. Afortunadamente estaba equivocado.

Kylie había preparado un gran espectáculo con muchas sorpresas, que estaban sabiamente repartidas para ir elevando el tono y el ambiente. Así que para empezar lo mejor era tirar de lo más básico: Kylie con un cuerpo de baile sin muchos alardes (los acróbatas aparecerían después) y el aforo completo de fans era más que suficiente para hacer que todo el público se excitara en el buen sentido de la palabra. Sin embargo, conforme avanzaba el espectáculo, íbamos descubriendo las sorpresas.

Aviso: si quieres ver el concierto y no quieres que te chafe las sorpresas… ¡No sigas leyendo! ¡Ni mires las fotos!

Muy pronto descubrimos que todo el escenario está lleno de luces. Vamos, no es que hubiera luces por todas partes, es que era todo luces. El suelo, los laterales, el fondo… todo eran luces que permitían proyectar imágenes y escenarios, y recrear desde un palacio renacentista a un estadio de fútbol americano o una playa del Caribe. Más tarde descubrimos que el fondo se mueve en todas las direcciones para dejar paso a más sorpresas, como elementos que se desplazan colgando. De hecho, Kylie comienza su intervención llegando desde el aire. El suelo también tiene piezas móviles que permiten que cambien los escenarios incluso durante la interpretación de las canciones. Del techo caen bailarines. Lluvias doradas (de confetti, pervertida), humo, los acróbatas que tienen momentos de dejarte con la boca abierta al lograr figuras y efectos con sus cuerpos que si no fuera porque lo estás viendo en directo no te lo creerías… y mucha Kylie.

Un espectáculo camaleónico, como lo son los estilos musicales de su repertorio, en el que Kylie, a sus cuarenta años y recién recuperada de un cáncer, se convierte en reina de los gays provocando delirios y desmayos (dos que yo viera, y no cuento como desmayo cuando un chico se subió a hombros de otro y decidió dejarse caer de espaldas con los brazos extendidos para que el público le llevara en volandas, consiguiendo caer estrepitosamente). Emoción las tres veces que se dirigió en español al público, mostrando su agradecimiento y su alegría de actuar en España después de veinte años. Y no es que hubiera actuado aquí hace 20 años, es que en 20 años de carrera que está celebrando (su primer disco, Kylie, salió a la venta en 1.988 y vendió 7.500.000 ejemplares), nunca había actuado en España. De ahí el atractivo y el lleno del concierto: se trataba del único concierto de Kylie en España hasta la fecha.



Cuando parece que el espectáculo ha terminado, Kylie aparece de repente y nos dedica varias canciones más, llegando a cantar a capella junto a sus dos coristas, y finalmente actuando sin el apoyo de los bailarines, demostrando que ella sóla es capaz de llenar el escenario. Y ciertamente, Kylie supo poner su nombre junto a “los grandes”, cuando protagonizó su propio tropiezo aunque sin finalizar en caída, que es lo que pasa cuando al terminar la canción anterior te deshaces de la pandereta que has usado y esta queda sepultada en una montaña de confetti dorado.

Como anécdota adicional, el concierto tenía una pequeña obsesión por las jotas. En la entrada se podía ver que el concierto estaba recomendado, además de por ADN y Shangay, por MTV EspaJa, algo que salió a relucir en los baños (más de tres sacudidas es paja). En el descanso, las pantallas lucían un "Jolvemos en 15m", que a todo esto como te puedes imaginar no fueron 15 minutos, sino más.

En definitiva, el concierto de Kylie en Madrid dejó un muy buen sabor de boca gracias a saber dosificar los recursos para ir generando, durante las dos horas que duró el evento incluyendo la pausa, un clima cada vez más caldeado en un público ya entregado de por sí, si bien algunos fans mostraron su descontento al tener unas expectativas más altas sobre las características del montaje, algo que yo no pude juzgar al ser mi primer gran concierto.


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Invitado Kylie es muy minuciosa cada vez que arma sus shows. Sabe darles a las personas lo que realmente quieren ver en sus conciertos. Es una mujer brillante, carismática, inteligente, sencilla. Y pues así tenga la tarima más fea (cosa que es imposible). A las personas eso es lo que menos les importa, pues su belleza y su voz opacan cualquier cosa. Ah y lo de que la tarima es muy grande es para que los bailarines tengan mas libertad al hacer sus maromas, además que le diseño fue realizado para superar las expectativas de los conciertos anteriores…
Dice ser FirstLibelula 18/09/2008 6:35

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